EL TRAJE DEL EMPERADOR Y SU NUEVO IMPERIO

NÍNIVE RODRÍGUEZ

 

El propio emperador, con sus caballeros más distinguidos, acudió al taller y los estafadores levantaron el brazo, como si sostuviesen algo, y dijeron:
-¡He aquí los pantalones! ¡El vestido! ¡La capa! -y así lo demás-. ¡Es tan ligero como una tela de araña! Se diría que no lleva nada en el cuerpo y esto es precisamente su virtud.
-En efecto -dijeron todos los caballeros, sin ver nada, porque nada había.
-¿Tendrá Vuestra Majestad Imperial la suma bondad de desnudarse -dijeron los picaros- para que le probemos los nuevos vestidos ante el gran espejo?
El emperador se despojó de todas sus ropas y los picaros simularon entregarle las nuevas que pretendían haber cosido e hicieron como si le atasen algo a la cintura: era la cola. El emperador se volvía y se contoneaba delante del espejo.
-¡Dios, qué traje más espléndido! ¡Qué bien le sienta! -exclamaron todos-. ¡Qué dibujos! ¡Qué colores! ¡Es un traje precioso!
-Afuera esperan a Vuestra Majestad con el palio para la procesión -anunció el maestro de ceremonias.
-¡Sí, estoy listo! -dijo el emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? -y de nuevo se miró al espejo, haciendo como si contemplase sus galas.
Los chambelanes que debían llevar la cola, palparon el suelo como si la tomasen y la levantasen y siguieron con las manos en alto, para que no creyeran que no veían nada.
Y así marchó el emperador en la procesión, bajo el espléndido palio, y todas las gentes en la calle y en las ventanas dijeron:
-¡Dios, qué magnífico es el nuevo traje del emperador! ¡Qué espléndida cola! ¡Qué bien le sienta! -nadie quería que se pensase que no veía nada, porque eso hubiera significado que era indigno de su cargo o tonto de remate. Ningún traje del emperador había tenido tanto éxito.
-¡Pero si no lleva nada! -dijo un niño.
-¡Dios mío, oíd la voz de la inocencia! -dijo su padre, y unos a otros cuchicheaban lo que el niño había dicho.
-¡Pero si no lleva nada puesto, dice un niño que no lleva nada puesto!
-¡No lleva traje! -gritó al fin todo el pueblo.
Y el emperador se sintió inquieto, porque pensó que tenían razón, pero se dijo:
-Debo seguir en la procesión.
Y se irguió con mayor arrogancia y los chambelanes le siguieron portando la cola que no existía.

Cuando al fin concluyó  la ceremonia y cesó el clamor de la multitud, el Emperador   regresó a sus aposentos. Pidió a su chambelán que le dejara sólo.  Sin duda estaba abatido y confuso por los últimos acontecimientos. Por más que mantuvo alta y digna la cabeza, no pudo evitar sentirse profundamente deprimido ante la posibilidad más que evidente de que hubiera paseado sus vergüenzas al sol.

Se despojó de la corona y el cetro y se colocó delante del alargado espejo que ocupaba gran parte de la pared este….No había duda de que sus ojos no le engañaban,  la percepción de frío que le enviaba su cuerpo, tampoco,….ni podía equivocarse el tacto suave de su piel que le llegaba a través  sus bien cuidadas manos,…Una lágrima resbaló entonces por su mejilla ,…lentamente,…quemándole cada milímetro de piel ….arrasándole cada gramo de orgullo acumulado durante cuatrocientos años de historia de su glorioso  linaje.

De pronto recordó su infancia en el castillo Gaultierville. Su padre, el más grande emperador que haya pisado nunca reino terrenal, le entrenaba personalmente en la lucha con sable para hacer de él un noble caballero digno de heredar un día su Imperio. “No sólo esperarán de ti que seas  un emperador justo  con tus súbditos, ecuánime en el reparto de las riquezas del reino y bondadoso con los débiles…También te exigirán que conduzcas a tus soldados a la victoria en las guerras de conquista y  que agrandes las fronteras del Imperio como lo hicieron tus antepasados y lo legues así a tus hijos y estos a los hijos de sus hijos,….También esperarán de ti que antepongas el reino a tu propia vida…Por eso debes aprender a defenderte. No quiero un hijo muerto: quiero un Imperio grande y fuerte  y a mi primogénito orgulloso y longevo coronando su trono. Como Emperador   necesito retirarme a descansar de tantos años de luchas sabiendo que dejo mi reino en buenas manos”.

…Y él  había malversado las arcas reales entre vicios onerosos y batallas infructuosas. Su vanidad y ambición le habían cegado hasta el punto de traicionar a una  estirpe de grandes hombres. El Imperio había menguado y entre  sus súbditos crecían el descontento y el hambre.

Gastaba verdaderas fortunas (gran parte del oro de sus colonias de ultramar) en fastuosas fiestas donde lucir las extravagantes galas que se hacía confeccionar por sastres de todo el mundo conocido, con telas preciosas traídas de los más exóticos y remotos países. Invitaba a príncipes de lejanos reinos y cortesanos sin escrúpulos a pasar largas temporadas en su palacio sufragando sus cuantiosos caprichos con las arcas públicas.

Ahora lo veía todo claro…con inusual nitidez…No podía tomar una decisión apresurada y arriesgarse a  equivocarse de nuevo. De modo que le pareció oportuno concederse  unos días para pensar en lo que debería  hacer.

Pasaron las semanas y el Emperador no salía de sus aposentos ni para comer. El servicio de cámara le servía, a su petición, una sola y frugal  comida al día.

Al cabo de dos meses de clausura  convocó  con carácter de urgencia al Consejo y les habló en estos términos:

-Nobles y Caballeros amigos, vuestro emperador  es, a partir de hoy, un hombre nuevo. Deseo rectificar mis errores de juventud y volver a hacer de  este reino el Imperio más grande que puedan divisar vuestros ojos, el más famoso que del que vuestros oídos hayan nunca oído hablar. Retomo el legado de mi padre, el Gran Emperador Diorano, y  prometo ennoblecer desde hoy su memoria y la de mi estirpe con nuevas conquistas allende el Mare Nostrum y recuperar con todos mis actos el amor y el progreso de mi pueblo.

En segundo lugar quiero comunicaros mi intención de tomar esposa y dar un heredero a mi reino. Es por ello que os encargo desde hoy dos misiones: una es formar un gran ejército con los más nobles caballeros y valientes soldados fieles a la corona. La otra es organizar una gran fiesta a la que quiero que asistan todas las Princesas casaderas de todos los reinos conocidos de un extremo al otro del mundo. Entre ellas elegiré a vuestra futura Emperatriz, esposa mía y madre de los hijos del imperio.

Un largo año pasó en organizarse un gran ejército y un año y dos meses en preparar la gran fiesta de elección de esposa para el Emperador. Llegaron las más bellas doncellas de todos los reinos conocidos, herederas de antiquísimos linajes…vestidas con lujosas  galas e investidas de fastuosas dotes.

Pero no todas ellas estaban igual de favorecidas por la fortuna. Una joven princesa desheredada  por su madrastra, y que vivía entre cenizas y podredumbre como  única criada de la casa , consiguió presentarse en la fiesta a la hora citada y bailar con el Emperador pero,…ay de su infortunio¡¡¡,… a las doce hubo de salir corriendo hacia su carroza, préstamo de una sola noche, y abandonar a su pareja en medio del baile,….Al bajar en tropel las escaleras reales perdió un zapato,….y hubo de marchar a pie pero, sin duda, con el corazón embrujado por el sueño de esa noche de verano…