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PROFITEROLES DE CHOCOLATE BELEN DE LA PARTE |
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Estaban todos los profiteroles de chocolate colocados cuidadosamente en un bonito plato esperando para ser comidos, rodeados unos de los otros medio dormidos y tranquilos, cuando el que más espacio de todos ocupaba, Grandullón, se le escapó una flatulencia, a su lado se encontraba Flojucho, el menos relleno de chocolate de todos los demás, y sin pensarlo dos veces le empujó para que le cediera espacio y le permitiera respirar.
-¡Oye tú, pequeñajo! Que no permito que un enano como tú me espolee de esa forma. -Te haces el interesante sencillamente porque te han puesto más chocolate que a mi, no creo que eso sea demasiado importante. -Claro que no enano, en un profiterol, es lo menos trascendental, sobre todo si se trata de todo tu relleno. -Para ser un profiterol con clase, hay que ser fino y bien avenido, no una alcachofa que no se sabe donde empieza y donde acaba. -A ti, cuando te metan en la boca no se enterarán de que se han comido algo hasta que descubran un hueco en el plato. -A ti te cogerá una persona sin ningún tipo de exquisitez, te engullirá como una sucia alcantarilla, se le caerá el chocolate fuera de su prominente y descuidado agujero que tiene como boca y solamente sentirá que la bolsa de basura que tendrá por estomago estará un poco más llena. -Eres tú muy estirado y prepotente para lo poco que se te ve. ¡Ah! Que eres un acomplejado, un pobre traumatizado por tus innumerables carencias. -El pastelero ha trabajado con esmero y gran cuidado la esbeltez y sobriedad de mi aspecto, no hay razón por la que deba tener ningún desequilibrio, carácter que se te ve más particular a tu basta y opulenta figura, no hay más que comprobar lo insultante que resulta tu comportamiento ante la belleza que resulta inaceptable al encontrarme frente a tus legañosos e insignificantes ojos. -Habló la inapreciable pulga, que tiene que insultar y gritar para que alguien se fije en ella.
Los demás asistentes del plato observaban atónitos y expectativos el diálogo que mantenían los dos compañeros, ante tal acontecimiento no percibieron que los invitados comenzaban a llegar y que muchos de ellos ya estaban metiendo sus manos en los innumerables manjares que estaban ante ellos, uno de los profiteroles más atentos anunció de la llegada de incontables dedos agarrando los sabrosos dulces. Flojucho apreció a una delicada dama que portaba uno de los trajes más elegantes para la fiesta, este se llenó de orgullo al ver que la señora con tanta clase iba a comérselo con su distinguido y refinado paladar, la vista se le nubló cuando pudo apreciar que su fina y delicada mano cubierta de brillantes se aproximaba a su enemigo, le sujetaba con sus finos dedos y le acercaba a su rostro y su gesto trasmitía un sublime placer, se descompuso por completo, dejó de creer hasta en el bendito horno del pastelero y se horrorizó en su totalidad cuando un hombre que se dedicaba a la limpieza, escondido y disimulando tras una cortina, sacó su brazo engrasado y agarró con sus sucias manos el suculento y fino profiterol que era Flojucho, y sin miramientos le engulló por su ruda garganta sin apreciar el goloso y delicioso chocolate.
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