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RELATO EN BLANCO Y NEGRO Rosa Martín |
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Sentado en el césped de un parque cualquiera en una ciudad cualquiera, el muchacho contempla una fotografía.
Por su expresión pudiera parecer que se trata del retrato de una persona especial…pero no, es simplemente, una taza de café.
Observa con atención la taza, el líquido negro y humeante, la ligera espuma que hace aún más apetecible el deseo de absorber con deleite el contenido…El aroma, el contraste de la blanca porcelana de la taza con el oscuro café…la sensación de confort al saborearlo, el tintineo de la cucharilla al remover el azúcar...
La luz, el brillo, el sabor hmmmm….
Siempre le gustó ese juego de contrastes, las luces y las sombras, el blanco y el negro, el día y la noche…Y sin darse cuenta se ve así mismo compartiendo una conversación tras la comida con la taza en su mano derecha y una sonrisa en sus labios, junto con alguien muy diferente a él. Cuyo color de la piel, cuyo pelo, cuyo sexo es opuesto al suyo…siempre los opuestos en su vida…¿porqué?
También el mantel que cubre la mesa es a rayas blancas y negras, incluso el suelo parece un tablero de ajedrez…
¡Qué maravillosos son los contrastes!
Pero… ¿hasta que punto su vida está llena de ellos? Incluso su relación. Sí, la muchacha que evoca en la contemplación de la foto es su amada Alexia, una mujer apenas saliendo de la adolescencia, con un cabello rubio clarísimo, ojos azules y piel blanca igual que una porcelana china. Siendo él oscuro muy oscuro, como un grano de café, su pelo ensortijado, negro, grueso…Proceden de países diferentes, ella de dónde difícilmente brilla el sol, donde todo el mundo tiene trabajo y una elevada calidad de vida. Él a duras penas gana para mantenerse y poder ayudar económicamente a su familia que quedó allí, al sur, en Senegal, en un país donde la gente mayoritariamente se muere de hambre.
Se considera un chico afortunado. A sus 18 años tiene trabajo, estudia en la Universidad y además ha encontrado un ángel en su camino…Alexia. ¿Qué más se podría pedir?
Solo existe un pequeño problema, un simple problema. Parece imposible que en pleno siglo veintiuno aún ocurran estas cosas, pero ocurren… Los padres de Alexia no pueden ni verle, no aceptan la amistad de los muchachos y mucho menos admitirían un compromiso sentimental. Desde hace dos semanas no ha vuelto a ver a su ángel.. Se siente desolado y no sabe qué hacer, el enemigo es demasiado fuerte…Alexia tiene sólo 16 años..
Por qué siente tanto dolor cuando aparentemente es un chico feliz y afortunado a quien la vida ha tratado muy bien y más, viniendo del país que viene. Siempre los contrastes en su vida. Es verdad, nunca fue tan consciente de ello.
Contemplando la fotografía, en un flash pasa su infancia en el poblado donde nació, la pobreza, el hambre, la muerte de su hermano menor y la tristeza de su madre al despedirle al subir a la camioneta del grupo de ayuda humanitaria que le transportaría a Europa. La acogida en casa de Juan, su padrino, el hombre que le sacó de aquel infierno y gracias al cual hoy empezaba su carrera de Medicina, a quien ayudaba en el restaurante de su propiedad sirviendo comidas. Y dónde un buen día conoció a Alexia.
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